Agatha Ruiz de la Prada,
provocadora, idealista, creativa y transgresora,
que conoce muy bien estos versos, rinde
un homenaje a unos de los actos humanos
más perceptivos: el Beso. Una fragancia
que encarna la picardía, dramatiza
la seducción convirtiéndola
en un juego, y lo envuelve con el humor
inconfundible en toda creación de
Agatha.
Una fragancia dulce y romántica
con aromas cítricos y florales, irónicos
e instigadores, para jugar a embelezar y
seguir jugando. Las mujeres de
Agatha son atrevidas, osadas, divertidas
y, por sobre todas las cosas, seductoras.
Y como los besos, dejan su huella.
Una vez más, el frasco respeta los
íconos de la diseñadora, las
formas redondeadas y sensuales. Muestra
unos labios rojos de cristal tintado cercado
por un corazón fucsia, otro fetiche
de la creadora.